El kéfir, elixir de la larga vida

El kéfir, elixir de la larga vida
Su nombre proviene del turco, y significa
“bendición”. Nada más acertado, ya que sus maravillosos efectos son conocidos desde hace miles de años.
El kéfir es originario del Cáucaso y se utiliza desdela época de los
sumerios. Entonces, se decía que sus consumidores asiduos superaban los
100 años; de allí la leyenda de que ingerir este cultivo fermentativo
alarga la vida y mantiene la buena salud.
Inicialmente, se elaboraba fermentando leche de camello, luego de
yegua y, luego, de cabra y de vaca. Hoy se consume preparado a base de
leche animal o vegetal o simplemente con agua (lo más recomendado por
los especialistas).
“No se trata de un ‘medicamento’, sino de un cultivo de
lactobacilos, prebióticos y probióticos que regeneran la flora
intestinal”, explica Néstor Palmetti, técnico en Dietética y Nutrición Natural, además de director de Espacio Depurativo.
Se trata de gránulos o nódulos gelatinosos, de color blancuzco,
similares a las flores de coliflor, que tras su fermentación brindan una
bebida carbonatada ácida (por el ácido láctico que contiene).
Beneficios
“Su principal virtud es mantener en equilibrio y restaurar el
ecosistema de nuestra flora intestinal -dice la doctora Cinthia
Blumencwejg, médica naturista, que dicta talleres sobre alimentación
sana-. La mucosa intestinal es una especie de esponja inteligente
diseñada para absorber selectivamente lo que el cuerpo necesita y
eliminar las sustancias tóxicas. Mantenerla en condiciones óptimas
promueve una vida más sana y más larga.”
“El kéfir tiene efecto desintoxicante, regenerador y estimulante
de las defensas naturales. Presenta propiedades antivirales,
antifúngicas y antibióticas y estimula el sistema inmunológico”, dice
Palmetti en su libro “Nutrición Vitalizante”.
En forma externa, es muy útil como antiséptico y se lo recomienda
para tratar acné, psoriasis y alergias, y el virus del herpes. Está
comprobado que ayuda a curar infecciones intestinales crónicas,
enfermedades del sistema respiratorio, el hígado, la vesícula biliar y
los riñones, además de ser beneficioso luego de tomar antibióticos que
dañan la flora intestinal.
“No hay restricciones para su uso, sólo considerar que no quede muy
dulce en caso de personas diabéticas sin tratamiento médico”, agrega
Blumencwejg.
“Para lograr mantener la salud intestinal, incorporar hábitos saludables es vital”,
explica la endocrinóloga María Pía Santucci, del Servicio de Nutrición y
Diabetes del Hospital Churruca. Entre ellos, enumera:
“Comer
sentado, masticar lento, elegir alimentos funcionales y pocos
elaborados, sin conservantes, evitar lo quemado y lo tostado, el
procesamiento, la sal, los azúcares simples y bajar el consumo de grasas
trans y saturadas, y promover el consumo de grasas provenientes de
pescados y semillas”.
Santucci destaca que también es importante aumentar el consumo de
fibras, que cumplen la función de barrido y de limpieza, y además hacen
que los alimentos se absorban lentamente. En el establecimiento donde se
desempeña no trabajan directamente con el kéfir, pero aconsejan todos
los alimentos que contienen prebióticos y probióticos.
La preparación, como un ritual
Los nódulos de kéfir pueden cultivarse en forma casera en diversos
medios: agua, leche de distintas semillas o jugo de frutas. Es común el
preparado a partir de leche vacuna, del que se obtiene una especie de
yogurt líquido, aunque los expertos coinciden en que la versión más
indicada es la que se prepara en base a agua.
Su preparación es muy sencilla: en una jarra de vidrio se colocan
tres cucharadas de nódulos hidratados de kéfir, 50 gramos de azúcar que
activará la fermentación (idealmente, debe ser integral), medio limón
entero, dos frutas secas (higos, dátiles o pasas de uva) y un litro de
agua pura. Es importante tener en cuenta que el líquido no debe ocupar
más de dos tercios del volumen del envase, ya que tiene que haber un
espacio libre para el aire.
Posteriormente, hay que revolver con un cucharón de madera o plástico
(evitar el metal), tapar la jarra con un lienzo sujetado con una banda
elástica y dejar 24 horas en reposo, en un lugar templado y protegido de
la luz.
Al día siguiente, se revuelve y se macera por otras 24 horas. Por
último, se extraen los nódulos (que se habrán multiplicado, lo cual
indica que la preparación fue bien hecha), y se exprime el limón en el
líquido obtenido, que será apenas dulce y ligeramente ácido.
Según el tiempo de cultivo, el efecto será diferente sobre la
regulación de la función intestinal: el de menos de 24 horas es laxante
(se debe tomar por la noche); el de 72 horas, astringente; y el
intermedio, de 48 horas, neutro.
Se recomienda tomar un litro y medio por día en caso del kéfir a base
de agua, o un pequeño vaso, equivalente a un pote de yogur, si es a
base de leche.
Cómo conseguirlo
“Los nódulos de kéfir suelen pasarse de mano en mano, ya que crecen
indefinidamente, pero también hay quienes proveen nódulos
deshidratados”, informa Palmetti.
Fuente: Clarin (
www.clarin.com)